Hace unos días me topé con uno de esos vídeos que iluminan lo cotidiano. La profesora @carmenamoresrv hablaba sobre las diferencias entre ser y estar, y luego en otro vídeo sobre por y para. Y aunque lo explicaba como parte de su enseñanza del español para extranjeros, a mí me hizo total sentido desde otro lugar: el emocional. Porque los idiomas no solo se aprenden… también se sienten. De ahí nació este texto.
En inglés todo se resuelve con un simple to be. Un solo verbo para existir, para sentir, para estar. Pero en español no. Nosotros, tan apasionados, necesitábamos dos: ser y estar. Porque no es lo mismo ser feliz que estar feliz, ni ser loca que estar loca (aunque algunos días, la línea es delgada.
Ser es esencia: lo que somos aunque cambien los planes, las hormonas o el clima. Estar es estado: cómo nos encuentra el día, el espejo o la báscula.
Y así vamos, haciendo equilibrio entre los dos: soy fuerte, pero hoy estoy que no me hablen. Soy agradecida, pero estoy al borde del colapso. Soy luz, pero estoy con cara de eclipse.
Porque la vida no pide que seamos felices todo el tiempo… solo que estemos presentes. Que estemos, incluso cuando no tengamos buena cara. Que seamos, incluso cuando todo afuera se desordena.
Pero no solo sentimos distinto. También andamos distinto.
En inglés, con un simple for, resuelven propósitos, razones, excusas y motivaciones. Un for y listo. Sin dilemas gramaticales, sin tanto drama.
Pero claro, nosotros no. Nosotros necesitábamos dos: por y para. Porque no es lo mismo hacer algo por amor que hacerlo para el amor.
Por habla del camino: de las razones, los impulsos, los días en que seguimos andando sin saber muy bien por qué. Para mira al destino: los sueños, las metas, ese lugar al que ojalá lleguemos sin perder la risa.
Y ahí vamos también, tratando de traducirnos: haciendo ejercicio por salud, pero también para caber en los jeans; trabajando por necesidad, pero para sentirnos capaces; viajando por curiosidad, pero para encontrarnos; amando por costumbre, pero ojalá siempre para vivir bonito.
Porque los idiomas no solo comunican lo que pensamos, también interpretan cómo sentimos. Son más que contexto: son una forma de mirar el mundo, de explicarnos, de encontrarnos… y de perdernos un poco también.
Al final, vivir en español es aceptar que no todo se traduce, y que tal vez ahí esté la magia. Que no hay que elegir entre ser o estar, ni entre por o para.
Vivir ligera no es hablar perfecto, sino sentir profundo. Es moverse con gracia entre lo que somos y cómo estamos, entre lo que nos impulsa y lo que nos inspira. Es ser esencia. Estar presente. Andar por lo que fuimos. Y seguir para lo que queremos ser.
por amor, por salud, por café ☕
para reírme, para seguir.
vivir ligera, siempre que se pueda.
Deja un comentario