Siempre me ha gustado leer. Me devoraba cientos de páginas después de cenar y normalmente solo me dormía cuando llegaba al punto final y cerraba la contraportada del libro.

Con la universidad, el material de estudio era tanto que fui leyendo menos por placer y más por necesidad.

Después llegaron la televisión, el cine… y la vida, que poco a poco te van robando ese rato maravilloso de estar sola con las letras que otro había escrito, mientras uno hace el resto del trabajo con la imaginación.

Durante muchos años no fue que dejé de leer o de aprender. Fue que empecé a leer muchos libros de temas distintos. Pasé del clásico libro de cocina dominicana a Mujer 2000 (que era un libro futurista… porque salió a finales de los ochenta 😂), al indispensable Qué esperar cuando estás esperando. Aprendí a cuidar plantas, a manejar Quicken para que el presupuesto de la casa alcanzara y hasta me convertí en Google antes de que Google existiera. Por suerte me tocaron dos hijas curiosas e inteligentes que nunca dejaron de hacer preguntas y, sin darme cuenta, ellas fueron empujándome a seguir aprendiendo.

Pero con el tiempo, y con la obligación de hacer malabares entre tantos roles, me di cuenta de que ya no solo tenía demasiados libros en mi mesa de noche. También tenía demasiados abiertos en mi cabeza.

Hoy las exigencias y las expectativas siguen creciendo, y a esa pila de libros se le han ido sumando otros: el del skincare perfecto, el de los suplementos que debería tomar, el de la alimentación ideal, el de las noticias, el de una casa organizada, el de las series pendientes, el del Mundial, el de Venezuela, el de Medio Oriente… y seguro me estoy olvidando de unos cuantos más.

Entonces entendí que el problema no era mi curiosidad.

Era intentar leer todos los libros al mismo tiempo.

Y mientras paso de uno a otro, termino con esa incómoda sensación de que no avanzo en ninguno.

No quiero renunciar a mi curiosidad. No quiero dejar de aprender. Quizás ni siquiera tengo que terminar todos los libros que he empezado.

Solo necesito escoger cuál merece toda mi atención por ahora.

Y espero que, si algún día salgo de una biblioteca con los brazos llenos de libros, la bibliotecaria me mire por encima de los lentes y, con esa paciencia que solo tienen las buenas bibliotecarias, me diga:

“Señora… un solo libro a la vez.”

Posted in , , ,

Una respuesta a «La mesa de noche»

  1. Avatar de Aida Hatton
    Aida Hatton

    Mi mesita de noche es grande, a veces la siento como mi sábana de seguridad, mi material de lectura, mis fotografías, mi lámpara de noche, el control de la TV , mis cremas … y ahora, a esta edad mis medicinas , por supuesto mi Vicks Vaporud nunca deja de estar 😜 LOL

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario