Esta mañana me fui a bañar y a lavar el cabello. Como me iba a dilatar, puse música en el celular y elegí Recently Played sin ninguna intención especial. Solo quería la compañía de la música, pero las canciones empezaron a aparecer y las letras fueron abriendo gavetas que por fuera ya tenían telarañas.

Primero sonó Ay, niña, de Kany García, y me llevó a la niña que fui y a la que hoy, igual que Kany, quisiera abrazar y decirle:

🎵 Si te lo cuento, no lo cree’ 🎵

De verdad que no tienes ni idea de todo lo que falta. Todo lo que vamos a aprender, a ver y a vivir.

Entonces apareció Ricardito con Tan enamorados, que salió en 1988, justo cuando me graduaba del colegio. Yo me imaginaba 🎵 viajando a tu lado en el tren 🎵, aunque en aquella época habría sido más bien viajando en Caribe Tours o en Metro de Puerto Plata a Santiago.

Quizás el rostro que imaginaba era el de algún compañero del colegio o de la universidad, pero lo que reconocía en la canción no era necesariamente a una persona. Era la posibilidad de una historia de amor.

Y hoy esa historia tiene otro nombre, otra cara y más de treinta años de vida compartida.

En eso sonó Búscame. Ya no me recordó lo que soñaba en esa época, sino a las personas con quienes la viví: esos amigos que llegaban antes de que los llamara: Víctor, Amín, Scarlet, Larissa, Deyanira.

Víctor ya no puede llegar. Los demás ya no están en mi día a día, pero tuve la suerte de conocer con ellos esa forma de amistad. Que nuestras vidas hayan cambiado no disminuye el valor de aquellas amistades ni lo que significó para mí sentirme acompañada de esa manera.

Después de recordar a quienes estuvieron para mí, Tú de qué vas hizo que el inventario cambiara de dirección: de lo que había recibido a todo lo que yo también había dado.

Y entonces llegó esa frase sobre dar todo lo que uno tiene hasta quedar en deuda consigo mismo.

Me hizo pensar en lo que he dado como esposa, mamá, hija, hermana y amiga. Algunas veces porque quería y otras, quizás, porque pensaba que amar significaba llegar hasta donde fuera necesario.

Porque una cosa es dar de lo que tenemos y otra ir sacando de nuestras propias reservas: horas de descanso, planes que fuimos posponiendo, cosas que callamos para no incomodar. Quizás la deuda no aparece por haber amado demasiado, sino por habernos dejado siempre para después.

¿Cuánto de lo que di nació del amor y cuánto del miedo a decepcionar?

¿En qué momento dar a los demás comenzó a significar pedirme prestado a mí misma?

¿Y cómo empieza una a devolverse todo aquello que se debe?

Cuando terminó la última canción, yo apenas había terminado de lavarme el cabello. Pero la playlist había hecho otra cosa: había puesto frente a mí lo que soñé, lo que viví, lo que di, lo que recibí, lo que perdí y lo que todavía añoro.

No sé si los inventarios sirven únicamente para saber lo que tenemos. A veces también revelan lo que falta. Y, de vez en cuando, aquello que todavía nos debemos.

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