Esta mañana leí un mensaje que hablaba de manifestar una semana de abundancia, de paz mental y de buenas noticias. Decía que no dudáramos tanto de lo que viene para nosotros, porque aquello que estamos esperando también está buscando la forma de llegar. Lo leí y pensé que, hace apenas unas semanas, me habría parecido imposible creerlo.
Hay momentos en los que uno no necesita que le expliquen que todo va a pasar. Lo sabe. Lo que no sabe es cómo atravesar el día de hoy. Yo venía de uno de esos momentos. No tenía energía. No encontraba entusiasmo. Había perdido las ganas de casi todo y sentía que la vida se había vuelto demasiado pesada.
Y entonces apareció el cumpleaños de Nicole.
No fue que organizar una fiesta resolviera nada. De hecho, hubo días en que no tenía fuerzas ni para eso. Pero, curiosamente, mientras escogía colores, imaginaba detalles, buscaba una mesa, pensaba en una canción o en una sorpresa para ella, algo empezó a moverse dentro de mí. Sin proponérmelo, estaba volviendo a mirar hacia adelante. Y creo que eso tiene mucho que ver con Nicole.
Desde que nació llegó con una manera muy particular de caminar por la vida. Tiene esa mezcla rara entre intensidad y calma. Sueña en grande, pero mantiene los pies bien puestos sobre la tierra. Cuando algo la mueve, no se paraliza. Se pone en marcha.
Siempre digo que es Leo. Pero no cualquier Leo. Ella es la reina de mi selva. No porque mande sobre mí, sino porque, cuando todo empieza a llenarse de maleza por dentro, tiene esa capacidad de abrir un sendero y recordarme que todavía existe un lugar hermoso al otro lado.
A veces creemos que la esperanza llega como un gran rayo de luz. Y sí, a veces sucede.
Pero otras llega disfrazada de una fiesta de cumpleaños. Y cuando eres incapaz de hacer las cosas “más o menos”, sino que conviertes cualquier celebración en una producción completa, pasas semanas imaginando, creando y soñando. Sin darte cuenta, todo eso también empieza a reconstruirte por dentro.
Otras veces llega de la mano de alguien que amas. Y esas terminan siendo razones suficientes para levantarte de la cama cuando todavía no tienes ganas.
Hoy entiendo que no siempre encontramos la salida buscándola. A veces aparece mientras inflamos globos, elegimos flores o imaginamos cómo hacer feliz a alguien que queremos. Y es solo después, cuando miramos hacia atrás, que descubrimos que, mientras preparábamos una celebración para otro, la vida también había empezado, muy despacio, a celebrar nuestro regreso.
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