Hoy me quedé pensando en esa frase de Facundo Cabral:
“Y si llueve… me mojo. Porque no me encojo.”
Y yo:
¿encogerme? ¿Yo?
¿Pero qué soy… tela barata que se lava y sale talla XS emocional?
Porque de chiquitas nos ponían la barra más alta que la cortina de la sala:
no te despeines, no te ensucies, siéntate bien, no hagas bulto…pero se niña y aprovecha la infancia.
Pero la vida… no es una foto perfecta de Pinterest, con un blower dominicano, de esos que dejan china a una africana. Y con las ropas con más combinación que una caja de seguridad. La vida es más bien como confiar en el weather app que decía que no iba a llover… para terminar como gallina mojada en 7 minutos.
Y lo peor no es mojarse.
Lo peor es el momento en que uno sigue viéndose en su mente como en la foto de Pinterest:
Caminando rápido.
Mirando al frente.
Como si no estuviera pasando nada…señora, usted está empapada. Todos la ven, como gallina despeluzada.
Y sí, yo he peleado con la lluvia.
Con el plan que no salió.
Con el giro que nadie me consultó.
Con ese momento donde la vida claramente ignoró mi idea del “look perfecto”.
Pero después… pasa algo raro.
Las historias que más cuento…
nunca son las que salieron perfectas.
Son las que se dañaron.
La comida que se quemó.
El plan que se cayó.
El día que terminó en cualquier cosa…
pero uno se rió más de la cuenta.
Así que sí… me mojo.
A veces poquito.
A veces tipo huracán categoría emocional.
Pero no me encojo.
Porque encogerse es peor.
Es vivir tratando de no despeinarse…
y terminar sin haber vivido nada que valga la pena contar.
Así que no.
Si llueve… me mojo.
Y si ya me mojé…
bueno.
Que se dañe el pelo…
pero que no se me dañe la vida tratando de cuidarlo.
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